viernes, 21 de noviembre de 2014

Historias cruzadas.

Se abre esa puerta. Ese momento que llevas esperando desde la última vez que subiste a un tren, ese momento en el que cientos de miradas pasan ante ti, que buscas una mirada con la que cruzarte. Puede que sea un niño de la mano de sus padres, que acaban de llegar a casa después de un fin de semana en la playa; puede que sea un estudiante, que empieza su semana o quizá un hombre, o un peregrino que llega a la estación en busca de nuevos sitios que descubrir. Cientos de historias, juntas en tres o cuatro vagones, a lo sumo seis, cada una por su cuenta, pero todas juntas, y tú, que lo único que buscas es una historia de la que formar parte, crear de dos historias una, y así te pasas el viaje, imaginando lo que puede ser, buscando en cada cara una mirada que se cruce con la tuya, en la que descubrir que esconden sus ojos. Hasta que llegas a tu destino y esperas durante una semana al tren que te lleve de vuelta a casa, junto a otros cientos de historias distintas.

XY

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