jueves, 20 de noviembre de 2014

.Hola, pequeña.

Hola, pequeña.

Soy yo

¿Te acuerdas de mí?

¿Te acuerdas de ti?

Yo nos recuerdo cada día, ahora con mayor intensidad, porque ya no hay nada claro.

Todo ha muerto, pequeña. Todo lo que un día soñaste y yo luché por conseguir para ti... para mí.


Me han fallado las fuerzas. Mi alma derrotista me puede, esa que tú ni siquiera podías percibir, tan inocente como eras, tan dulce, tan feliz...

Estoy cayendo, pequeña. Me postro de rodillas ante una oscuridad que me acecha, que me rodea y se ríe de mí. Y no me atrevo a mirarla a la cara. No me atrevo a mirarte a la cara. Porque temo tu decepción, porque sé que al saber esto lloras y me golpeas y me gritas que me levante de nuevo, que corra de nuevo, que brille otra vez.


Pero no puedo, pequeña, porque no encuentro porqué. Y sé que ahora mismo tú me susurras miles de motivos al oído, miles de razones para seguir adelante, para ponerme en pie. Y te sonrío, con lágrimas en los ojos, lágrimas que me desgarran las venas y hacen trizas cada partícula de mi ser. Porque todos esos motivos, todas esas razones las he recordado, las he probado, he luchado por ellas y no han aguantado el choque contra un muro de decepciones cada vez más duro, cada vez más alto, cada vez más difícil de sostener.

Y aquí me hallo, postrada ante la vida, con tu espíritu removiéndoseme dentro, con tu alma de luz atormentada... llorándote porque te he fallado, porque te he decepcionado, porque no soy ni la mita de lo que tú deberías haber sido. Aquí me hallo, pidiéndote perdón por lo que voy a hacer...

Hola, pequeña.

Perdóname por desterrarte.

XX

No hay comentarios:

Publicar un comentario